domingo, 10 de noviembre de 2013

La enseñanza de la Historia Regional y Local desde las manifestaciones tradicionales[1].
Lcdo. Yherdyn Peña*

La historia desde el inicio de los tiempos ha sido utilizada como instrumento de dominación, legitimación y alienación con la cual ha sido favorecida la clase hegemónica. Aunque inicialmente, no se contaba con un elaborado andamiaje metodológico, lo mítico, las leyendas, el modelo teocrático… se constituyeron en herramientas iniciales para tal fin. De esta manera, la historia como instrumento del poder quedó circunscrita a impulsar el culto a la personalidad, la deificación de personajes, instituciones y eventos que justificaban la influencia de ciertos grupos dentro de la dinámica social. Sin embargo, y tal vez sin proponérselo también se constituyó en base substancial de la identidad e idiosincrasia de los pueblos, en los que se fue modelando todo un imaginario y un entramado cultural constitutivo de las bases valorativas de la sociedad.

De esta manera, se fueron estableciendo identidades locales, regionales y nacionales, estos es, los hombres y mujeres sintiéndose miembros constitutivos de un espacio particular. No obstante, los colectivos no se han hecho presentes al momento de narrar esa historia que se convierte en oficial, su historia ha sido más soterrada, casi clandestina, y su instrumento ha sido la oralidad. Como resultado, se ha constituido un sujeto profundamente desligado a su propio pasado.
Asimismo se puede apreciar, que en los últimos años, se asiste a una marcada arremetida por parte de la corriente globalizadora, la cual ha actuado vertiginosamente contra las identidades nacionales, y más aún contra las microidentidades o identidades locales. El proceso de estandarización de la cultura y de homogenización del sujeto ha devenido en una suerte de historias del momento en las que lo superficial e instantáneo pareciera ser las únicas categorías sociales que cobran trascendencia. De las evidencias anteriores, podemos señalar, que el enfoque historiográfico local, constituye en sí mismo un movimiento contracultural de la globalización y la implantación del pensamiento único. Se convierte en este sentido en una propuesta constitutiva del ser social particular, desde una mirada introspectiva hacia el seno primigenio de la sociedad: la comunidad.
En la perspectiva que aquí se adopta, y que a su vez constituye el decir de muchos pensadores, el hombre hace la historia, de hecho, adquiere una condición de animal histórico, por consiguiente, está en la capacidad, la necesidad y la obligación de hacer y registrar su propia historia; para poderse comprender más ampliamente. No seguirán por lo tanto, siendo un grupo minoritario, quienes van a describir y a “descubrir” la realidad histórica de los pueblos. Tampoco puede seguir siendo el destino de quienes conforman las distintas localidades, el tratar de conocer y comprender historias (o procesos históricos) totalmente ajenos (o por lo menos sin reconocer las implicaciones que sobre ellos tiene estos procesos) a la historia que se protagoniza en los espacios más próximos a éstos (los miembros de las comunidades). Por que:
La historia (local) es una historia hecha con la gente misma, permite que el protagonismo no se circunscriba sólo a la élite, sino que abarque también a la gente anónima, consigue que la historia pase por dentro hacia fuera de la comunidad. Ayuda a los menos privilegiados y sobre todo a los más viejos a recuperar su dignidad”. (Santibáñez, H. 2003. p. 1).     

            O como señala Arístides Medina Rubio:
La historia regional y la historia local, son siempre la historia de los hombres, que se realizan en las sociedades concretas, no importa cual sea su escala o magnitud. En esa sociedad los hombres establecen vínculos con los espacios donde desarrollan sus actividades, y esos vínculos son los que van a conformar las identidades de los hombres.

En atención a esto, se hace perentorio, el desarrollo de una didáctica integradora, que permita reconocer los procesos evolutivos de la humanidad, y que a la vez, especifique el comportamiento de nuestra nación y de nuestras localidades como un todo compuesto por más que la suma de sus partes, logrando de esta manera que el devenir histórico de los pueblos, resulte un fenómeno heterogéneo y una necesidad apremiante para el proceso de enseñanza - aprendizaje.
            Se plantea entonces, ir más allá de la arraigada tradición de la instrumentalización del profesor, que en conjunción con el texto, genera una práctica, donde tan sólo participan: el texto como compilador del conocimiento, el maestro, como decodificador del conocimiento y el alumno, como recipiente de ese conocimiento, tal como se nos presenta la realidad que encontramos a diario en la mayoría de nuestras aulas de clase, logrando por parte de los alumnos la mera repetición de fechas, nombres y acontecimientos, sin el más mínimo interés por analizar en su contexto local los factores idiosincrásicos que interactúan con esos eventos. Esto lo podemos ejemplificar en el siguiente esquema:





A pesar de esta realidad, es importante reseñar que de manera progresiva, en la búsqueda por romper con esta tradición, se ha pretendido incluir varias reformas al sistema cómo se viene impartiendo el conocimiento en las aulas de clase; y en este sentido, las actuales revoluciones tecnológicas han llevado al docente a un nuevo reto: introducir esta novedosa tecnología al hecho educativo desplazando de esta manera al libro de texto por la implementación de los últimos adelantos tecnológicos como herramienta principal en el proceso educativo. Gráficamente, esta realidad queda esbozada de la manera siguiente:



 

Se da pues con este modelo, que el libro de texto, y por lo tanto la lectura pasa a convertirse en un simple complemento del amplio desarrollo de la tecnología, y el docente sigue sometido al rol de mero instrumento de decodificación al servicio de dicha tecnología. Si bien es cierto, que se ha gestado una política de masificación de estos avances (la creación de los ciber – café, info – centros...), que ha permitido a niños y jóvenes contactar directamente esa tecnología a través de un proceso irreflexivo, el objetivo no ha variado: repetir lo aprendido. Y particularmente, la relación texto – alumno no se perturba en su continua desvinculación, ya que el texto permanece siendo el instrumento decodificado por el docente.
Al comparar estas evidencias, se aprecia que se amerita una nueva estrategia, donde la enseñanza de la historia debe partir del cuadro de valores que se ven reflejados tanto en los mitos, leyendas, costumbres y tradiciones reproducidos, desarrollados y promovidos por los habitantes de las diferentes comunidades, debe implicar de la misma manera una nueva caracterización del rol de la enseñanza. Por lo tanto le corresponde incorporar a quienes deseen trabajar con la historia desde esta perspectiva, a los diferentes actores y las diferentes acciones de la trama social que se conjugan en sus espacios naturales, y que deben estar presentes en el proceso educativo para llevar de generación en generación la herencia cultural que los identifica. Para aclarar tal exposición se presenta el siguiente esquema:


 


De esta manera exponemos que la historia a la vez que es construida en buena parte por los mitos y tradiciones a través de la narración oral, da pie igualmente para el surgimiento de nuevos mitos y tradiciones.
En consecuencia, planteamos que la participación de la comunidad en la reconstrucción (o construcción) de la historia, y simultáneamente como elemento que contribuye en la enseñanza de esa historia a las generaciones más jóvenes, es de vital importancia ya que todo este proceso implica el desarrollo de la narrativa oral, el intercambio entre los jóvenes y los adultos en una actividad dinámica, creativa y horizontal en la que se permitirá la investigación, la creación y los aportes para el desarrollo de nuevos procesos, esto sería una alternativa para el conocimiento y la comprensión del pasado próximo, ya que con esto “Los alumnos adquieren una perspectiva sobre el relato testimonial que les permite reconstruir aquello que más les interesa”. (Santiago, 1996: 45).
            Para tal efecto, la enseñanza de la historia se constituirá en  un proceso activo y compartido, entre los alumnos, el docente y los miembros de la comunidad, para la investigación y el intercambio, con lo que se busca favorecer “...la actividad de los alumnos, - ya que - les permite plantear una serie de preguntas...” así como también recrear un conjunto de acontecimientos de acuerdo a los intereses y motivaciones propias. (Santiago, 1996: 45).
            Así mismo, no se puede dejar de reconocer la historia en las viejas estructuras arquitectónicas y artísticas de la localidad de origen, el estudiante debe encontrar los vestigios de la historia en cada uno de los espacios de su convivencia, la tradicional enseñanza de la historia quedaría de esta manera desplazada significativamente por intentos para estudiar y enseñar con creatividad los procesos históricos de los pueblos. El estudio de la historia debe ser producto esencial del “...aprovechamiento del medio.” (Santiago, 1996: 59).
Como se puede inferir, la incorporación del estudio del mito y las tradiciones para la enseñanza de la historia, es una estrategia de un profundo valor, ya que no solamente se estará tomando con el mito, la capacidad creadora de los pueblos (o comunidades) si no que el mito en sí, revela “... los modelos ejemplares de todos los ritos y actividades humanas de importancia... se refiere a todos los acontecimientos primordiales de los cuales el hombre ha llegado ser lo que es hoy...” (Santiago, 1996: 47). Con esto se busca desenvolver un proceso laborioso para el impulso de la investigación, que pueda extraer para el presente lo que del pasado se ha conservado. Incluyendo en esta intención una carga de valores y enseñanzas que de otra manera se perderán con el transcurrir de los años.
En consecuencia, la enseñanza de la historia juega un papel de estelar importancia, ya que, por medio de ésta, se conforma la conciencia cívica del individuo, y contribuye a fortalecer la conciencia histórica social, por ello, en los actuales momentos de convulsionadas (y convulsionantes) transformaciones, cuando interactúan un sinnúmero de elementos que contribuyen a conformar esa conciencia histórica, en la que la historia tradicional – universal y nacional - ha generado un divorcio con la historia regional, y además ha hecho pensar que las acciones cotidianas del individuo están totalmente desvinculados a la formación del sistema social, se hace necesaria una revisión en la manera de enseñar la historia (tanto en el qué y en el cómo enseñar). (Santibáñez,  2003: 4 – 5).
Se indica de la misma manera, que es necesario desplazar a la rigidez de la historia positivista que tan sólo le ha dado cabida a los acontecimientos militares y políticos con un estricto orden cronológico ascendente, quedando a un lado los aspectos económicos y en último lugar lo social y cultural, por una historia totalizadora de los procesos humanos y que involucre activamente a sus protagonistas. (Betancourt, 1995: 43). En este proceso, el aprendizaje de la historia debe incorporar en el alumno, lo nuevo con lo que ya sabe, y con aquello que creen con lo que son; es transformar la visión de la historia como ciencia de desarrollo exógeno al alumno, en la historia como instrumento para aclarar los cambiantes procesos del mundo que le rodea. Es por esto que se hace obligatorio ampliar el abanico de oportunidades al momento de escoger las estrategias a utilizar en el aula de clase cuando se vaya a impartir y compartir la historia. El indagar, preguntar, investigar, curiosear deben ser los verbos a utilizar en la enseñanza – aprendizaje de la historia  actualmente. (Betancourt, 1995: 45 – 46).
Igualmente, una seria práctica pedagógica comprometida con la participación de los diversos actores de la vida social, política, económica, militar y cultural de la región es lo que podrá generar una praxis pedagógica diferente en la historia en todos los niveles. La entrevista, la salida de campo, las visitas dirigidas, la comprensión y construcción de mapas, el ensayo (escritura), serán herramientas de primera mano en la enseñanza de la historia. Para el desarrollo de un proyecto de esta índole, partiremos del precepto de que la comunidad (sobre todo los adultos mayores) será un elemento activo en la construcción y comprensión de la historia local y en la difusión de valores por medio de las costumbres y tradiciones.
Atendiendo estas consideraciones, es bueno señalar, que el Proyecto de Aprendizaje (PA) aplicado en el aula, es un instrumento de planificación, que engloba los componentes del Currículo Básico Nacional para el desarrollo del proceso de enseñanza – aprendizaje, y se encuentra basado en las necesidades de la escuela y de los educandos, en busca de una educación integral e integradora. Pero es el docente, conjuntamente con la comunidad el que le puede dar vida para sus educandos.
A través del PA, los docentes gozan de la oportunidad de organizar y programar el proceso a lo largo del grado educativo. Deben partir de las orientaciones del Currículo Básico Nacional y las realidades concretas del grupo y del medio en el que se desarrollan. Si se quedan en lo exclusivamente plasmado en el currículo se seguirá en lo rutinario.
Debe igualmente ser concebido y desarrollado a partir de una opción integradora de los bloques de contenidos y que permita a los educandos interrelacionar dichos contenidos con los valores, conceptos y actitudes presentes en el desarrollo del proceso. Es una opción metodológica que intenta relacionar lo aprendido con la realidad y las más diversas manifestaciones de la experiencia.



Ante esta realidad, y ante estas necesidades perentorias, lo que resulta evidente es la necesidad de responder a la siguiente interrogante: ¿De qué manera se puede llevar a la práctica dentro de las diferentes localidades la ejecución de un proyecto partiendo de esta perspectiva? 
Los resultados de la investigación nos llevan a corroborar que en las localidades conformadas cultural y socialmente, sobrevive un bagaje cultural bien importante y que además, goza con numerosos cultores diseminados a lo largo y ancho de su geografía. De la misma manera cuenta con todo un andamiaje (arquitectónico, geofísico y organizativo) que permite describir la interesante evolución histórica de esas comunidades.    
Por estas razones, se considera en extremo factible y productivo el desarrollo de las diversas actividades dirigidas a concretar el cumplimiento de los objetivos que pueden surgir planteados dentro de un proyecto de esta amplitud. Las localidades reúnen los elementos suficientes para un amplio reconocimiento de la comunidad en la que se circunscribe la acción del niño, y por tal motivo el docente debe orientar las acciones hacia el cumplimiento de esta premisa.
            Para lograr los objetivos del proyecto debe ejecutarse una programación basada en una noción seria sobre la integración de la escuela con la comunidad, es por ello que la participación directa del adulto mayor, el docente y el alumno para reconocer  las características físicas – geográficas, culturales y sociales de su localidad es de vital importancia.
De esta manera podemos apreciar las condiciones climáticas particulares, su vegetación, el desarrollo de la producción agrícola y/o industrial, sus fuentes de agua que son de suma importancia para los habitantes; las instituciones (la prefectura, el cuartel, la iglesia, el mercado municipal, la cárcel nacional, el hospital, las escuelas, el tecnológico...) actividad comercial y de servicios (base del desarrollo económico de la localidad) donde de seguro hallaremos no solo una diversidad de paisajes geográficos si no que además encontraremos, modelos de organización y de desarrollo arquitectónico – estructural igualmente diversos.      
            Asimismo, la presencia de profusos mitos y leyendas, y las tradiciones que en torno de ellos giran suelen ser bastante numerosos, lo que nos ofrece los elementos suficientes para el reconocimiento de la sociedad en la que participa constantemente el niño y la manera cómo éste puede influir en  su entorno.
            Por último se propone, la ejecución de caminatas y / o excursiones en los espacios físicos que conforman la localidad que pueden llegar a ser bastante productivas, eso sí, siempre y cuando la actividad esté complementada con una participación activa no sólo del docente y el alumno, sino también debe involucrarse el vecino de la comunidad de manera activa y protagónica en la formación de las generaciones de relevo.  

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

BETANCOURT, D. (1995).  Enseñanza de la historia a tres niveles. Magisterio. Colombia.
DONOSO, R. (1999).  Mito y educación. Buenos Aires. Barral Editores.
FUNDARTE. (1983). Folklore y currículo v.2. Caracas. Conac.
GARCÍA, I. (1993).  Diversidad cultural y construcción de identidades. Caracas. Tropikos.
MEDINA, A. (2007). Lecturas de historia regional y local. Caracas. El Perro y La Rana.
ONTIVEROS, T. (1995)  Historias de identidad urbana: composición y recomposición de identidades en los territorios populares urbanos. Caracas: Tropikos.
SANTIAGO, H. (1996).  Didáctica de la Historia. Bogotá. Magisterio.
SANTIBÁÑEZ, H. (2003).  La memoria de los barrios. Congreso Virtual 2000. www.antropología.com.ar.







[1] Presentado en la Población de Bailadores estado Mérida en el 1º encuentro de cronistas e historiadores de la región Andina. Auspiciado por el Centro Nacional de Historia.
* Docente de La Universidad de Los Andes. Núcleo Trujillo en Historia de América e Historia Regional y de Venezuela.
EL DILEMA DE CONSTRUIR MEMORIA*


Yherdyn Peña**
           
            Verdaderamente valdría la pena preguntarnos si recorremos aún el camino de nuestro devenir tomando como orientación las huellas de quienes nos precedieron. De la misma manera, sería significativo descubrir si aún en nosotros palpita esa vena que nos enlaza con la savia del pasado y que debería nutrir nuestro presente. ¿O es que acaso producto de la insensata decisión de renegar de ella se nos ha atrofiado y en la actualidad andamos en un barco a la deriva, convertidos en náufragos y aún no nos hemos dado por enterado? ¿Son acaso importantes esas cosas del ayer que hemos venido dejando de lado a la vera del camino para perfilarnos como trujillanos, como venezolanos y más ampliamente como latinoamericanos en un constante exilio? Pero se me antoja lanzar una interrogante con una mayor mala intención: ¿Cuántos se han cuestionado sobre esto y están dispuestos a responderse con sinceridad?

            Dichas interrogantes brotan de la empírica observación que recorre a diario mi panorama como docente y como padre de familia. Las mismas no las elaboro de manera capciosa, si no que tienen la intención y el deseo de contribuir a la búsqueda de respuestas que permitan a su vez la construcción de alternativas a una situación abordada de manera superflua o que simplemente pasan de manera solapada como irrelevante. Dicha situación no es otra que la DESMEMORIA. Es más que sorprendente que un decreto[1] que buscaba lanzar al fuego de la indignidad a un personaje de la trujillanidad y de la venezolanidad halla provocado reacción tan contraria a la prevista, el vuelco ha sido radical, ha generado un bloque de unidad para rechazar esas pretensiones y que en primera instancia su saldo positivo es que ha puesto a estudiar a un gran número de individuos sobre los personajes involucrados en este decreto, y por otro lado ha generado experiencias colectivas – como este seminario - en las que podemos reflexionar sobre la fragilidad de nuestra memoria y las amenazas que sobre ella se ciernen. 

Sancho Briceño

            Y es que resulta necesario señalar que en estos convulsos tiempos de la posmodernidad la inercia se ha convertido en la fuerza motora de nuestro devenir histórico – social. Lo inmediato e intrascendente marca la pauta de la convivencia y rigen los encuentros, los intercambios y los rangos valorativos de los individuos en sociedad. Deambulamos por las calles de nuestras ciudades saturados de marcas y estereotipos, el consumo y la satisfacción de necesidades creadas - o para estar en correspondencia con el lenguaje actual: necesidades virtuales desarrolladas en los laboratorios mediáticos, generan costumbres y actitudes que nos desnaturalizan, lo que nos arrastra de la misma manera hacia la imposibilidad de reconocernos a nosotros mismos como parte de un todo aún más complejo.

            Por esta razón el compromiso debe estar dirigido a acometer acciones que vallan dirigidas a dejar de lado las concepciones abstractas sobre identidad y memoria, para hacer de estas categorías una condición práctica y cotidiana del SER social, es una imperiosa necesidad ante la realidad descrita y que con el transcurrir del tiempo acentúa y profundiza nuestra minusvalía cultural. El sujeto histórico anónimo de la actualidad se ve inundado por las sombras del cortoplacismo: lo que no se logra ver en el día a través de los medios de información no existe en la conciencia de este ente profundamente mediatizado. Esta condición no le permite al sujeto, sentirse parte de su entorno puesto que dicho entorno es el ausente constante en estos medios. Así las cosas, la desmemoria se convierte en este caso en la única forma de memoria presente en nuestra convivencialidad, el olvido y la desaparición del sentido de pertenencia son claras expresiones de esta realidad.

Antonio Nicolás Briceño

            Pero cómo no desprendernos de nuestro sentido, necesidad y obligación de reconocer e identificarnos con los pilares de nuestra ciudadanía, que en lo particular considero es génesis indiscutible de nuestra nacionalidad, cuando la mayor parte de nuestro pasado histórico ha quedado silenciado, vetado, ignorado… por generaciones, trayendo como consecuencia esta suerte de marasmo histórico como signo de la trujillanidad.

            En este sentido, y tomando en consideración que hoy estamos navegando entre dos ilustres trujillanos separados tan sólo por el tiempo y por la mezquindad de algunos, hago extensiva la invitación para que a este par de “Briceños” se le incorpore un tercero: Don Sancho Briceño y con éste comencemos a develar los entrañables misterios de la colonia en la región trujillana porque también somos parte de esa tradición colonial, Trujillo se formó de la misma manera al pulso de trescientos años de período colonial, con esto muy probablemente voy a provocar que alguien me acuse de coquetear con la leyenda dorada y sea declarado como traidor a la patria, pero, por la Diosa IKAKE les aseguro que no es así. Déjenme explicar, en 1557, con la llegada del conquistador español se borraron de golpe y porrazo casi quince mil años de historia de ocupación del territorio trujillano por parte del pueblo indígena, así Timotíes y Cuicas desaparecen de nuestra conciencia histórica, luego, con la llegada de la independencia se esfuman en los anales de nuestra historia los trescientos años de la colonia, de tal forma, un período de quince años (entre 1810 – 1824)  concentra la mayor carga historiográfica de nuestra memoria. Pero de la misma manera, la sobresaturación del espectro informativo y de entretenimiento de hoy día provoca la banalización de nuestro pasado histórico, concibiendo con ello, expresiones de desprecio hacia nuestros orígenes, buscando más allá de nuestras fronteras los elementos para construir un YO colectivo que responde a la estandarización del mercado y de esta manera podemos apreciar como proliferan las comunidades Mc Donald y Coca Cola antes que las sociedades bolivarianas y los círculos de estudios, también encaramos día a día la realidad de comunidades cada vez más desarticuladas, constituidas por individuos absortos en sí mismos, así, la esencia propia de la comunidad que nos es otra que la unidad de lo común se desvanece ante la imperturbable mirada de todos nosotros.
           
            Por esta razón, el dilema de construir memoria nos atrapa en la inexperiencia puesto que la práctica ejecutada a lo largo del tiempo ha estado constituida por el encubrimiento, la deformación y la mentira en procura de prevalecer a pequeños grupos, situación que ha provocado terribles males en nuestra sociedad. En este sentido, debemos tener claro que la memoria no debe ser una simple evocación cargada de añoranza por el pasado, muy al contrario debe ser práctica cotidiana que fortalezca al individuo como miembro de un colectivo, es decir, la memoria debe construir identidad. Eso si, incorporando una visión amplia y sin complejos de nuestro pasado, desarrollando mecanismos integradores que permitan el encuentro de los valores fundacionales del ser social en medio de una sociedad globalizada que presenta retos impostergables a cada uno de nosotros como individuos pero más aún como localidades particulares que poseen un ritmo propio en el concierto de la historia.
            El reto de consolidar la memoria está en la posibilidad de encontrarnos y acordar en torno a qué debemos hacer, hacia dónde deben ir dirigidos nuestros esfuerzos, la construcción y consolidación de la memoria es una labor titánica y no debe ser atribuida a un solo sector, esta debe ser esfuerzo de todos y todas, desde los más diversos ámbitos del quehacer regional y debe servir de argumento para permitirnos entrar en contacto con aquellos elementos del pasado que aún hoy día poseen una voz dispuesta para aquel que preste sus oídos al discurso emanado.
           
            La historia, la ciudad, las costumbres y tradiciones, los mitos y leyendas, el imaginario colectivo, los ancianos, los hombres y mujeres, los niños y niñas… son artífices de la memoria colectiva, y asimismo son estos los elementos a ser considerados en la formación de una identidad amparada en una presencia del SER y el HACER del Trujillano. Esto debe motivarnos para que nos transformemos en libros vivientes que hablen de una memoria que sea capaz de generar memoria que no permita que muera nuestra conciencia histórica.

           
              
           




* Jueves 22 de octubre de 2009. Foro: “De Antonio Nicolás Briceño a Mario Briceño Iragorry.” Publicado en la Revista Cifra Nueva Nº 20.
** Docente de Historia de América e Historia Regional y de Venezuela. ULA – NURR / LBCM
[1] 277 del ejecutivo regional de fecha 31 de julio de 2009.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Chávez, siempre Chávez
Yherdyn Peña

            Para Venezuela, julio es un mes de partos gloriosos. El 05 de julio de 1811 nace la primera constitución no sólo de Venezuela si no de toda la América Hispana. De igual manera, es el 24 de julio de 1783 cuando ve sus primeras luces el hombre más grande de la América toda: el Libertador Simón Bolívar; y en esa tradición de majestuosidad, el 28 de julio de 1954 se produce un nuevo nacimiento en Sabaneta de Barinas, el Comandante Eterno Hugo Chávez Frías. De este último acontecimiento, emergió un personaje que marcó de manera imborrable los albores de este tercer milenio y su estela fulgurante se proyecta como faro a las generaciones por venir.
            El futuro comandante Chávez, tendrá su origen en humilde cuna y por ende, es que desde muy temprana edad pudo mirar y sentir la pobreza que azotaba a la mayoría de ese pueblo que posaba sus pies sobre el más grande mar de petróleo, pero que siempre fueron excluidos de una renta que se quedaba apresada en un reducido grupo que desde siempre ostentaron el poder y que sólo supieron reprimir con toda la intensidad a esos desposeídos que reclamaban las más elementales reivindicaciones.

Hugo Chávez, transita su infancia cubierto por el amor y la tutela de su abuela Rosa Inés, y en esos primeros años de arañero en su pueblo natal, vendiendo dulces que sirven para ahogar la amargura de una nueva decepción del pueblo venezolano: se pasó de una dictadura militar a la farsa democrática. El espíritu del 23 de enero había sido traicionado y las cúpulas de los partidos habían pactado para dejar de lado al pueblo. Vivir en la Venezuela adentro, lo puso desde muy temprano en conexión con la verdad que padecía el venezolano en su día a día.
Siendo aún un carajito, con sueños de hacerse pelotero profesional el arañero de Barinas encara su destino y llega a la Academia Militar de Venezuela, en donde además de hacerse soldado de la patria, se hacer revolucionario y profundamente bolivariano. Iniciaba apenas la década del setenta y la democracia puntofijista seguía con sus persecuciones, desapariciones y asesinatos selectivos a dirigentes políticos, obreros, estudiantes, intelectuales… todo aquel que disintiera de ese sistema político implementado por adecos y copeyanos.
            Su formación militar se complementa con las innumerables lecturas que nutren de un amplio bagaje histórico y cultural su intelecto. Alejado de su amado llano, deja atrás esa pobreza rural que tan bien había reconocido en su Sabaneta natal, y ahora entraba en contacto con la marginalidad urbana que había caracterizado el modelo social engendrado de la implantación del modelo económico rentista y petrolero, que obligaba a los campesinos desplazados a agolparse en los espacios periféricos de las grandes ciudades, especialmente Caracas; donde no contaban con los servicios mínimos y ni siquiera con la dignidad que todo ser humano se merece.
            En 1975 (07 de julio), adquiere el grado de subteniente, iniciando a su vez, un periplo interminable por todo el territorio nacional; lo que le permitió ahondar en su conocimiento de la patria, tanto en el aspecto físico, como en lo social y lo cultural. Identificándose siempre con la causa de los más desposeídos. Reconoce e identifica debilidades y potencialidades de esta rica nación. Analiza causas y consecuencias del sistema bipartidista que se había entronizado en Venezuela… perfila de esta manera un nuevo proyecto político, parecido a Venezuela y a los venezolanos.
            En procura de estructurar este proyecto, en el bicentenario del natalicio del Libertador (1983), junto a sus compañeros de armas, crea el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR – 200). Se congregan en torno a él, militares de un profundo corte nacionalista, construyen todo un entramado filosófico que aporta la savia de este movimiento revolucionario el cual resume de manera magistral en el árbol de las tres raíces (Bolívar, Rodríguez y Zamora)… se plantea la necesidad de la refundación de la república.
            La figura de Chávez no pasa desapercibida para quienes se ven amenazados por su proyecto, por su personalidad y su ascendencia en los compañeros de armas. Es movilizado, lo intentan aislar, es vigilado, pero el siempre evadiendo la vigilancia, procura el encuentro con diferentes fuerzas revolucionarias diseminadas por el país.
            El 27 de febrero de 1989 es un punto de inflexión, el pueblo en una expresión de revuelta constituyente, se levanta contra el paquete neoliberal, contra la corrupción, contra el acaparamiento y la especulación. Se levanta contra un sistema agotado que no sabe dar respuesta, se levanta contra el nepotismo y en contra de la intervención del Fondo Monetario Internacional. El poder cegado por el temor de un pueblo en la calle, responde con la violencia, el Comandante Supremo observa, como la fuerza armada es usada como verdugo de ese pueblo… e intensifica su accionar.
            En el año de 1992 (el 04 de febrero) se produce el alzamiento de la dignidad nacional. Fue el día en que realmente se rompió con un ciclo de silencios, de complicidades y desintereses. Fue el momento de un por ahora que se convirtió en un para siempre. La revolución y la esperanza toda de un pueblo adquiría rostro de paracaidista y boina roja. Ese rostro y esa boina de inmediato se hicieron en el símbolo de la dignidad y de la resistencia del pueblo. Quienes lo apresaron lo pensaron derrotado, no comprendieron (tal vez nunca lo harán) que ese hombre de boina roja se había sembrado en el corazón del pueblo… se hizo millones, se convirtió en fuerza indetenible.
            Cuando en 1994 sale de la cárcel esa avalancha popular del 92 se había hecho tsunami, recorrió (una vez más), caseríos, pueblos y ciudades. Donde pisa el barinés, allí florece el pueblo, brota la alegría, se desborda la ilusión. El camino a Miraflores, se construye cuadra por cuadra; hombres, mujeres y niños allanan las dificultades que debe sortear. La canalla de la derecha no acepta que este arañero del llano adentro se convirtiera en presidente. Conspira, amenaza, siembra el terror y la muerte; pero el pueblo sigue siempre al lado del comandante invicto. Refunda la república, los sueños lentamente se van haciendo realidad. Los pensamientos se convierten en obras.
            En el 2002, es secuestrado y el pueblo y la fuerza armada lo rescata… le dan una lección a la derecha que se resiste a aprender. El fascismo internacional se niega a reconocer que su proyecto fracasó frente a la propuesta de hermandad internacional que encarna el comandante Chávez. La Revolución Bolivariana se hace internacional, Venezuela es su epicentro, rompe las cadenas y empodera al pueblo.
            Su obra es en extremo dilatada, su partida física (tan prematura) este 05 de marzo, nos llenó a todos de un profundo dolor, pero este pueblo que se hizo aún más grande con el ejemplo de Chávez, sabe echarse ese dolor a cuesta y sacar las fuerzas para seguir profundizando esta revolución bolivariana y ahora más que nunca CHAVISTA. Que no se equivoque la derecha fascista, Chávez no está ausente carajo. Está en cada uno de los hombres y mujeres que dan su vida por la revolución y que saben que nuestro líder es Chávez, siempre Chávez

           

            
BOLÍVAR: UN HOMBRE, UN HÉROE… UN LEGADO[1]

YHERDYN J. PEÑA
COORDINADOR DE LA CASA DE LA GUERRA A MUERTE


            A 230 años de su nacimiento, Simón Bolívar sigue siendo sin lugar a dudas el hombre mas significante que ha nacido en tierras americanas. A pesar del agua que ha corrido bajo los puentes de la historia, su figura, su obra, su pensamiento aún emerge en nuestra cotidianidad. Pero hoy debemos señalar con el cantor del pueblo Alí Primera: Bolívar no es un pensamiento muerto. Pero, más que una frase panfletaria, esto debe convertirse en acción creativa y creadora.
            Si bien, el futuro padre de la patria nació un 24 de julio de 1783 en la ciudad de Caracas; su tránsito vital a lo largo de sus 47 años de vida lo llevará a recorrer buena parte de Suramérica y Europa. Establece en sí el diálogo entre dos mundos (o para ser más honestos, las dos caras de un mundo) en profunda decadencia sumergido en profundas contradicciones, acentuadas por el dominio del imperialismo como modelo de dominación y el absolutismo como forma de gobierno; a pesar de estos referentes, este caraqueño apostará por nuevos derroteros para su patria que él mismo ayudará a forjar.

UNA INFANCIA DURA                                                       
A pesar que el niño Simón vería sus primeras luces en el seno de una acaudalada familia, integrante destacada de la aristocracia criolla, exponentes consumados de la oligarquía territorial de la colonia; su infancia no fue un lecho de rosas como muchos pudieran suponer. Su padre, don Vicente Bolívar un Gran Cacao de la sociedad caraqueña colonial, es dueño por igual de tierras y hombres; su madre, María de la Concepción Palacios y Blanco proviene de igual forma de noble cuna. Representan la estirpe que poseen el poder económico en la colonia española de ultramar. Pero además de ello, se debe destacar, que el abolengo de la familia Bolívar se remonta al siglo décimo donde ya ejercían señorío en tierras de Vizacaya, tal como lo refiere Valera (2007, p. 18).
Con todo lo expuesto, Simón Bolívar, desde muy temprana edad, debe afrontar la adversidad al perder a sus padres a la más tierna edad. Esta temprana experiencia lo pondrá en vilo y comenzará a impulsarlo a nuevas miradas sobre su entorno (entorno de por sí convulso: levantamiento de negros y mestizos en coro, la conspiración de Gual y España…), tal vez, incluso lo impele a ese desprendimiento que identificará su accionar posterior cuando deba asumir la cruenta lucha contra el imperio español.
También, es durante la infancia, cuando entra en sentido contacto con hombres e ideas de avanzada que contribuirán a forjar su espíritu libertario. Hombres de la talla de Miguel José Sanz, Andrés Bello y Simón Rodríguez serán quienes brinden tan significativa formación. El último de los prenombrados lo introduce en el pensamiento de la ilustración y de esta manera, se acerca a los textos de Rousseau, Voltaire, Diderot, Montesquieu, Mirabeau, Lafayette, Marat y Rosbespierre, es decir, se aproxima a la Francia de la Revolución, y a los productos que se generaron de ésta.
Su inquieta personalidad hace encaminar sus pasos a España, allí se percata de la profunda descomposición en la que se ahogan los hombres e instituciones de este poderoso imperio, y de igual forma, también allí, se reencuentra con el saber enciclopédico que lo conectan con esas enseñanzas recibidas en la Caracas de sus amores y de sus eternos recuerdos.
Estando en Madrid, en el año de 1802 contrae nupcias con María Teresa del Toro y Alayza pero la felicidad de los jóvenes dura bien poco, para 1803 (ocho meses después de contraer matrimonio) su esposa fallece… más allá de las especulaciones, es justo pensar, que este nuevo golpe influyó de manera muy acentuada en el proceso de formación de su personalidad. Pareciera estar predispuesto a la fatalidad, pudo haber considerado que su mundo, una vez más se derrumbaba sin que pudiese hacer absolutamente nada. ¿Frustración? ¿Rabia? ¿Desilusión? Su frágil humanidad debió estar devastada por esta nueva desgracia, y de nuevo, regresa a Europa, sin saber tal vez; que una nueva vida dará origen en este importante viaje al llamado viejo mundo.
Un punto de inflexión, sin duda alguna será el juramento en el Monte Sacro en la ciudad de Roma en el año de 1805, frente a él, su viejo maestro: Simón Rodríguez. A partir de allí, el huracán libertario enrumbará sus pasos hacia tierras americanas y no sólo le otorgará la libertad a la tierra que lo vio nacer, sino, además a otras cinco naciones (incluyendo a Panamá).
El Hombre de la Libertad
Muchos conmemoran a Bolívar como un simple guerrero. Pero sería deshonesto con la historia asumir esta postura. Haber recibido el título de libertador, no es una mera casualidad, es el forjador de una patria en libertad, con todos los elementos que ello implica. Desafortunadamente, fue un incomprendido por los hombres de su época… incomprendido y traicionado; y esa traición aún pasa su factura a estas tierras y a sus hombres y mujeres.
A partir de 1810, la acción independentista se intensifica en el suelo americano, posterior al 19 de abril caraqueño la guerra se desata en todo el territorio, Bolívar emerge ya como arquitecto de la república, ya como estratega militar, ya como analista político, ya como legislador… es el prohombre del siglo XIX y su accionar trasciende a nuestra generación.
 Este venezolano plasma la apremiante necesidad de un modelo de integración latinoamericana que apenas 200 años después, es que se está apreciando su conformación producto de una clase dominante alejada de manera descarada a los intereses propios de la patria grande. Hoy nuestra patria lleva con honor su nombre, pero es mucho lo que falta para comprender su obra.
La celebración bolivariana debe ir más allá de una misa, una parada militar y una ofrenda frente a su marmolea figura. Es la comprensión e internalización de su ideario. Es analizar sesudamente su obra (no sólo la militar – guerrerista), en los espacios más diversos de la cotidianidad social. Para ello, la patria, debe convertirse en un laboratorio en donde, el pensamiento bolivariano no sea visto como una simple consigna que se ahoga en las gargantas en medio de discursos o que se estrellen contra los cristales de ventanas cerradas.
Esta tarea, solo se logrará a través de la participación protagónica del pueblo, para que de esta manera, se logre la apropiación de la obra monumental de este hombre que no fenece con el tiempo. Para ello, la revisión del Manifiesto de Cartagena (1812), La Proclama de Guerra a Muerte (1813), La Carta de Jamaica (1815), La Constitución de Bolivia (1825) entre muchos otros textos, son de vital importancia.
Por ello, en este nuevo aniversario, la celebración mayor, debe radicar en el hecho de poder decir SOY BOLIVARIANO no porque es una consigna vacía sino porque de verás se identifica con la densidad del pensamiento del más brillante hombre de América y que a su vez, se reconoce a este hombre como tal (con virtudes y desaciertos) y no como a un santo al que hay que prenderle velas.



[1] Artículo publicado en el semanario El Campesino.
En el laberinto de una memoria forzada: mitomanía y militarismo “trujillense”.
Yherdyn Peña*

            Hoy más que nunca, nuestra sociedad se encuentra enmarcada en el seno de una profunda crisis de identidad ciudadana, reflejada ésta, en el derrumbe propio de la ciudad, un derrumbe de tipo físico, palpable en la cotidianidad de nuestros recorridos por las calles, en los cuales apreciamos cómo monumentos y arquitecturas se desmoronan ante la impávida mirada de la gente común y de los gobernantes que la administran. Pero también asistimos a otra expresión de esa crisis de identidad: la referida a la pretensión de desmontar nuestra idiosincrasia, nuestros valores históricos, nuestra memoria…, esgrimiendo los argumentos más disímiles y bajo la égida del funcionariato de la burocracia estadal.
            Se puede remitir la situación que atraviesa particularmente la ciudad de Trujillo a un ejercicio de analogía con una familia cualquiera, en donde uno de sus miembros rechaza a reconocerse desde su propio pasado, y para ello, se le antoja transfigurar su ascendencia, ocultando, mintiendo y alterando parte o la totalidad de su estirpe. Negando por ejemplo, lo pusilánime de un abuelo maltratador y pícaro, o esconder la existencia de un tío narcotizado y sumergido en el mundo delictual, sin tomar en consideración que lo desee o no, ambos personajes constituyen parte de su configuración doméstica. Y que ambos representarían una lección para ser aprendida por las generaciones legatarias.

            En virtud de lo hasta aquí señalado, se evidencia la gravedad que estas intenciones pueden acarrear, pero dicha amenaza se ve magnificada cuando las pretensiones de alterar esa memoria se corresponde a un discurso desde el poder, y que adicional a ello, se intente imponer en el colectivo como un dogma religioso.
            Por tal motivo, es de reconocer que lo glorioso de un pasado no radica tan solo en las hazañas logradas, en el heroicismo de personajes casi sobrehumanos, en las riquezas que se pudieron acumular, lo grandioso se establece en reconocer las debilidades que fueron superadas, saberse asediado por errores sobre los cuales hubo la voluntad de corregirlos, y que aquellos que en su momento no fueron corregidos quedan en la memoria para que de esta manera no vuelvan a ser repetidos.
            Entonces, pudiéramos interrogarnos, si la historia es concebida como un diálogo permanente entre el pasado y el presente, esta ciencia contribuye como instrumento trascendental para construir una sociedad más vivible,[1] si esto fuese así, qué favor le haría a la sociedad falsear la memoria desde un monólogo engendrado en un presente oportunista. Que como monólogo no acepta ni permite el debate, y que arroja al fuego a la disidencia. De tal forma, desde discursos altisonantes se pretende embriagar al colectivo para de esta manera sumergirlo en la más absurda de las farsas, que desde una retórica de “lo popular” pretende precisamente extraerle al pueblo la posibilidad de contarse, de identificarse y reconocerse como parte sustancial de algo a lo que ha pertenecido desde tiempos pretéritos.
            Esta arrogante actitud de pseudos historiadores y cronistas trasnochados que se erigen cual Dédalo en arquitectos de murallas discursivas de una laberíntica identidad que por órdenes o bajo la complaciente mirada de un Minos “trujillense”, encierran al minotauro de la mentira, y, el imaginario de los jóvenes, púberos y niños de nuestras escuelas y liceos, resulta sacrificado en una interminable perorata que tiene por objeto modelar la identidad de las nuevas generaciones.
            En consideración a lo expuesto, es bueno señalar que, “Una sociedad se representa a sí misma y encuentra su identidad mediante el sistema simbólico (componente principal del imaginario) que los líderes crean y transmiten (difunden) a través del discurso. (Dávila, 1992: 30). Y por esta razón es que urge desentrañar los elementos discursivos (signos, símbolos, íconos…) que constituyen el lei motiv de los promotores de la “revolución” decembrina que tomó por asalto a las instituciones culturales de la ciudad de Trujillo.
            Es bueno resaltar de igual manera que los saqueadores, los culturicidas que asestaron este golpe actuaron con la misma conducta que asumen los imperios colonialistas, quienes se apropian de los espacios rituales, aquellos lugares de culto de los pueblos invadidos y sobre éstos consolidan sus instituciones, para de esta manera suplantar los viejos discursos por los nuevos, por los del conquistador.
            En este orden de ideas, el profesor Barreto, nos señala de manera muy precisa ese juego que desempeñan los elementos discursivos en la constitución del SER puesto que nos indica:
El hombre al leerse a través de signos y símbolos – motivos y de los textos, lee lo que el hombre cuenta de si mismo. En un hacer narrativo se reúnen los relatos donde se dispone, desde su imaginación creadora y productora la fenomenología del hombre capaz y sus procedimientos.[2]
Y es aquí precisamente donde se concentra la acción interventora de quienes se autopromueven como modeladores de la nueva trujillanidad, puesto que pretenden (con sus limitados recursos intelectuales, académicos, morales, más no económicos) deshacer todo el constructo narrativo que por siglos ha constituido nuestra historia y nuestra identidad.
En este sentido, en un foro que sobre la memoria convocó el CILL[3] señalaba para ese momento que una de las amenazas que afrontaba el SER trujillano, estaba concentrada en el hecho, “…que  la desmemoria se convierte en la única forma de memoria presente en nuestra convivencialidad, el olvido y la desaparición del sentido de pertenencia son claras expresiones de esta realidad”. (Peña, 2009)[4] y por esta razón es que no nos sorprende el silencio que ha provocado en muchos sectores de la población la situación por la que atraviesa la historia trujillana. Y por ello la necesidad de desnudar y caracterizar las pretensiones de estos profanadores.
Estas líneas deseo utilizarlas para retrotraer su mirada por un instante a la década del 30 del siglo XX cuando en Europa, Hitler y su entorno político construyeron lo que Furio (1972: 38), denominó como mito tecnificado, convirtiendo su odio a los aristócratas, los capitalistas, los comunistas y los liberales, así como a los judíos y a todos aquellos que no pertenecieran a la raza aria, en un discurso político de consumo colectivo, que degeneró como ya sabemos en el terrible holocausto NAZI, guardando las distancias, aquí también estamos acudiendo a la construcción del andamiaje de otro mito tecnificado. El cual posee claros tintes de corte militarista y ensalzado desde una narrativa mitomaníaca.
Reforzando lo expuesto se puede percibir, la excesiva fijación hacia el procerato militar independentista, borrando la participación de tribunos civiles exceptuando aquellos que tuvieron activa participación en acciones que nutren el acto bélico (tal es el caso del Padre Rosario y su supuesta coautoría de la Proclama de Guerra a Muerte), a tal punto se ha llegado, que del salón de los próceres del Centro de Historia del Estado Trujillo, fueron despachados todas las figuras civiles, y aquellas figuras militares que no se correspondían a la época de la independencia corrieron con igual suerte.
De esta manera, este discurso se constituye en un afianzador de los ejes propios de la ideología militarista, a saber: el “patriotismo”, expresado en el caso particular de la manera más burda posible,  el respeto a la jerarquía, que en el caso de Trujillo se traduce en el sometimiento al poder establecido; por último, y acaso el más grave, el recurso a la fuerza como medio de resolución de los conflictos aplicado además en la forma en que se tomaron algunas de estas instituciones culturales.
Prosiguiendo con la revisión de esos signos y símbolos desde los cuales se pretende generar el entrampamiento de una memoria malformada, se aprecia como asumen una clara tendencia morbosa a desfigurar los hechos, y buscan engrandecer la realidad de cuanto ellos dicen, y como ejemplo clarificador, se encuentra la bizarra figura femenina que emula a la de las amazonas de la mitología griega. Bravías guerreras, oradoras consumadas y mártires de la independencia con elevados rangos militares. En el folleto (con rasgos de pasquín) titulado “Generala post morten Dolores Dionisia Santos Moreno[5]” cuyo autor no quisiera recordar, concentra todas las dotes, aptitudes y actitudes del género humano en tan inesperado e inconcebible personaje, que si no fuera por su mala escritura sería de interesante estudio en el ámbito de la ficción.
  Esta tendencia a mitificar o admirar exageradamente a personas o cosas rompe todos los parámetros, puesto que no se limitan a esta simple iniciativa, si no que van más allá: hacen brotar de su delirio a dichos personajes y los convierten en figura de adoración e idolatría. Pero además de ello, aquellos personajes de los cuales si se reconoce su existencia pretenden elevarlos aún más otorgándoles nuevos rangos militares; tal es el caso de la Capitana Barbarita de la Torre a quien la ascienden de golpe y porrazo a Coronela y de la misma forma, al Coronel Antonio Nicolás Briceño a General, todo esto unido a un empeño enfermizo por borrar todo vestigio de la colonia (ya siento cerca los señalamientos de traidor de la patria) destruyendo íconos de este período: los bustos de Cristóbal Colón, Diego García de Paredes y de don Sancho Briceño, negándole de esta manera a las nuevas generaciones las posibilidades de reconocer a esos “genocidas”, “asesinos”, “vándalos”… y todos los epítetos que se les desee anexar pero que constituyen base sustancial de nuestra nacionalidad.
 Pero es de reconocer de igual manera, que, la majestuosidad del nuevo procerato engendrado en este proceso no podía ser de menor talla, puesto que su creador ha tenido la facultad de labrarse en el mundo de las letras (según currículo expuesto en sus “obras”) por un extenso período que abarca aproximadamente un siglo y cuarto, produciendo artículos, trabajos de grado y unos cuantos miles de poemas que nutren tan basta labor literaria.
Verdaderamente, pareciera esto, una obra bufa para desternillarse de la risa, pero la gravedad que reviste el caso nos invita a reflexionar sobre el quehacer de quienes deseamos defender la verdad histórica, puesto que, la acción deformadora está siendo ampliamente dirigida a los sectores más vulnerables e impresionables de nuestra población: los niñas y niñas de nuestras escuelas, por esta razón, se desprende una necesidad de acción educativa que permita contrarrestar tal arremetida.
La imagen que sobre nosotros mismos podamos poseer en el mediano plazo, estoy seguro que se desprenderá de los resultados que de esta confrontación discursiva se genere, veremos si podremos mantener nuestro continuo histórico en base a nuestra memoria, tradición y valores; o si al contrario, nuestra esencia nacerá de un decreto impuesto para la construcción de un gentilicio “fru frú” conducente a la satisfacción de la vanidad de una logia de “iluminatis”. La mesa está servida y todos estamos invitados al banquete.


* Profesor de historia en la ULA – NURR. Fundador – coordinador del Taller de Historia “Abya Yala”.
[1] Torres (2003: 144). Extraído de: Ciencia del Terruño (notas sobre Historia Regional y Local). Disponible en: www.anhvenezuela.org/pdf/boletines/350/35007.pdf.

[2] Barreto, 2009: 22. Extraído de: Comunicación Paradójica entre novela y cultura…
[3] Jueves 22 de octubre de 2009. Foro: “De Antonio Nicolás Briceño a Mario Briceño Iragorry.”

[4] En. El Dilema de Construir Memoria, Cifra Nueva, Julio – Diciembre Nº 20. ULA.
[5] Imprenta del Estado Trujillo. 2010