sábado, 23 de agosto de 2014

Historia y Arte en el Bicentenario de la Campaña Admirable[1]

Yherdyn J. Peña Delgado[2]
            Profundamente complacido al encontrarme en esta jornada con cada uno de ustedes. Quienes nos ocupamos de la historia, somos una especie de detectives que andan recabando huellas y pistas sobre el pasado. La creación del historiador o del cronista, constituye sobre todo una arte de articular un sinnúmero de piezas que se amoldan en torno a un discurso organizado y sistematizado de manera armoniosa por quien ha investigado.
            Entretanto, la labor de un artista es la mágica creación desde las infinidades etéreas. Es arrancar imágenes del mundo de los ensueños y traerlos y hacerlos presentes ante todos en esta complicada realidad. Que maravilloso oficio el del artista. Ustedes cuentan con la libertad que la objetividad del historiador resquebraja a cada palmo.
            Este bicentenario de la campaña admirable, es una bonita ocasión para establecer una danza con perfecta sincronía entre el arte y la historia. Ustedes, amigos artistas, son los convocados a la formación de íconos y símbolos, que no solo servirán para el simple disfrute del espíritu, si no, que además de tan noble función, se constituya en herramienta pedagógica y de seducción para que las nuevas generaciones se identifiquen con lo más glorioso de nuestro pasado.
            Rememorar la historia siempre ha sido un arduo trabajo, y más aún cuando un par de centenarios han transcurrido desde el momento en los que el hecho que queremos evocar y nuestro tiempo. Es necesario recordar que la memoria de los hombres y de los pueblos se configura generalmente en torno al olvido. Es por esta razón, que en la mayoría de las ocasiones nuestras construcciones historiográficas parecieran una colcha hecha a partir de simples retazos (de esas que tanto acostumbraban hacer nuestras abuelas).
            Otra tradición que pareciera permanente, es esa conducta maniqueista es decir, catalogar como malo o bueno a personajes y sucesos acaecidos en otros tiempos y con cuadros de valores morales y éticos tan diferentes a los que se poseen en los momentos actuales. La campaña admirable y sus actores no escapan de esa realidad. Personajes que han sido endiosados y satanizados por igual. Sucesos y lugares que han sido sobredimensionados o que simplemente pasaron al más absoluto de los olvidos.
            Ese recuento de episodios deformados, mal interpretados o mal utilizados debe dar paso a una condición más plena del re – conocimiento de la historia. Una historia, que para nosotros los trujillanos pasa por la construcción de la microhistoria – la de esos espacios que recorremos en el día a día, de los lugares en los que se forma nuestra cotidianidad- para de esa manera poder comprender más plenamente nuestra historia patria, de esa Venezuela, forjada a pulso por hombres y mujeres a lo largo de los años.
            Es por esa razón, que resulta tan imprescindible la participación de cada uno de ustedes y de los valiosos aportes que pueden ofrecer desde su amplia creatividad para satisfacer tan anhelados fines. Es comprensible ver la dificultad de dirigir ese impulso creativo que en sus manos, en sus mentes y de seguro en sus corazones se encuentra palpitante, hacia una temática específica. Pero los invito asumir el reto y la invitación que hoy la Coordinación Trujillana de Cultura les está presentando.
            Ahora, entrando en materia. Es decir, haciendo referencia propiamente a la campaña admirable, se deben distinguir varios elementos que pudieran servir de referentes semánticos, compréndase, que nos otorguen una estética que desde el discurso histórico, pudiera ser plasmado en una obra artística. Y que a su vez, sirva de vehículo transmisor de un mensaje sobre el suceso histórico que pueda ser internalizado por todos.
            El primero de estos elementos, se refiere a la propia adjetivación de esta acción política – militar. Se le reconoce como admirable por dos razones circunstanciales y que debemos tener muy en cuenta al hacer referencia a tan notable hito histórico de nuestra nación. Ellos son: la rapidez con que coronó el éxito de la campaña; y en segundo lugar, las tremendas adversidades que los hombres y mujeres que participaron en esta lucha debieron afrontar y vencer para lograr los objetivos trazados.
            Podrían ustedes preguntarse, qué quiero decir con esto. Es muy sencillo: esta campaña admirable se llevó a efecto entre mayo y agosto de 1813. En menos de tres meses, un ejército que se inicia apenas con 800 hombres recorre de combate en combate medio país venciendo un ejército que lo superaba en número y contaba con mejores recursos para la guerra.
            Además de ello, es de recordar que casi la mitad del recorrido de esta campaña se lleva a efecto en zonas heladas. Aún hoy el paso por la cordillera andina representa un reto para los viajeros que circulan por esta zona – desde la comodidad de confortables vehículos en una muy reducida fracción del tiempo que los héroes de la independencia utilizaron para atravesar esta área – ahora, imaginen las dificultades que significó el trasladar a cientos de hombres, bestias y cañones a lo largo de frías montañas y atravesando un sinnúmero de inconvenientes.
            Hombres medio desnudos, atacados por el inclemente frío, probablemente por el hambre y la añoranza propia de dejar atrás sus hogares y a sus seres queridos. Es una estampa que de manera inmediata recorre mi mente al pensar y hablar de la campaña admirable. La trémula decisión de enfrentarse a su destino en un campo de batalla. Los farallones de las cumbres andinas como testigos imperturbables de aquella dimensión tan humana y tan divina a la vez.
            Ese peregrinar de hombres… bravíos guerreros en pos de la conquista de la tierra que heredarán – o esperan que hereden – su hijos. Aquellos cientos de hombres que partieron de Colombia y que en medio del trajinar se van convirtiendo en miles. Los hombres de los pueblos quienes perciben a sus libertadores y los siguen, luchan codo a codo con aquellos.
            La Guerra de la Independencia sumió a Venezuela y a toda su población en una profunda pobreza. Sin embargo, eso no fue suficiente para que el hombre y la mujer trujillanos de esa época compartieran el poco pan con el que contaba con el fatigado y hambriento soldado que desandaba por esos inclementes caminos. Hombres y mujeres aprestando sus brazos para contribuir con la causa de la libertad.
            Otra estampa que envuelve a la imaginación está enmarcada en la decidida participación de numerosos sacerdotes a favor de la independencia: en sentido, procesiones, colectas y donaciones, repiques de campanas y encendidos sermones a favor de la independencia constituyeron parte de los aportes de estos hombres de levita, quienes desconociendo la decisión de las grandes jerarquías eclesiásticas se sumaron a quienes se había sublevado contra la oprobiosa dominación del imperio español sobre nuestras tierras.
            Otro hecho que suele pasar por desapercibido, en esta magna gesta de la guerra de la independencia, es precisamente la multiculturalidad de este importante evento. Si bien es cierto; que la independencia surge como necesidad y descontento de la clase acomodada, de manera paulatina se incorporan los más diverso sectores de la vida social venezolana. En el caso particular trujillano, es de destacar la valiosa y valerosa participación de grupos aborígenes en el bando de los patriotas. Ya como guías, ya como corajudos guerreros. Niquitao es claro ejemplo de ello.
            De igual manera, las cimarroneras se suman de a poco también al ejército libertador. Una nación entera se aglutina en torno a una necesidad y a un sueño. Ellos también lucharán, guiados por los ideales de la igualdad. La lucha en este contexto debe ser plasmado con la pluralidad de colores y culturas que en ella participaron.
            No menos importante resultan los espacios de relevante trascendencia para ese imaginario colectivo que representa nuestra identidad histórica. Y en este momento me refiero no a los campos de batalla, son espacios de menor impacto bélico: me refiero a la vieja casona de Carmania donde es recibido Bolívar por el padre Rosario, la vieja catedral de Trujillo, desde donde suenan sus campanas para recibir al libertador. La plaza mayor de Trujillo, que se me ocurre con ambiente festivo, algarabía… recordemos que los libertadores entran a Trujillo, y no necesitan hacer ni un disparo. De igual manera, la casa del Centro de Historia donde Bolívar firma la lapidaria Proclama de Guerra a Muerte…
            Y a propósito de esta guerra a muerte; también son muchas las imágenes que desde ella se desprenden. Si bien es cierto, que Bolívar firma y hace efectiva tal proclama, ya Antonio Nicolás Briceño – trujillano de Mendoza Fría para más señas – la venía aplicando en su lucha guerrillera en la zona barinesa como respuesta a la despreciable actuación del ejército español después de la capitulación de Miranda el año de 1812.
            Son cientos los fusilamientos, los degollamientos, los descuartizamientos, las casas y las siembras incendiadas… es mucho el horror que le toca padecer al pueblo venezolano y al pueblo trujillano. Porque es desde Trujillo, desde donde se hace oficial la crueldad de una guerra que de por sí ya era bastante cruel. Que sentimientos embargaron a unos y a otros frente a esta terrible realidad. Cuánto peso cargó sobre sus hombros el Propio Simón Bolívar después de asumir tan drástica pero necesaria decisión.
            Este será – y ha sido – uno de los signos más destacados: la guerra propiamente. 200 años después hay nombres que resuenan por las implicaciones de los sucesos que en ellos se gestaron. Niquitao es probablemente el más estruendoso de ellos… pero hay otros que denotan la importancia geopolítica de la región. Agua de Obispo, Ponemesa, Los Horcones, serán de esos lugares que pasan a la historia en el fragor del combate armado.
            Jinetes, soldados a pie, cañones… el humo de la pólvora en cada recoveco de esos campos de batalla. Sangrientos combates, pero necesarios… podríamos decir, imprescindibles. Las dentelladas del imperio se habían puesto sobre la garganta de este territorio y no lo dejarían de lado sin un duro combate. Sin éstos… no fuéramos más que un simple pueblo oprimido. Deviene la sangre en abono con el cual se hace fértil el suelo para que germine la libertad. Es la acción definitiva de quienes se decidieron romper las cadenas que nos oprimían por tres siglos.
            Y a propósito de quienes se atrevieron, hay quienes merecen renombre entre tantos y tantos. Por supuesto, por encima de todos ellos, el Brigadier Simón Bolívar, el Libertador. Pero esta tierra de igual manera, parió hombres destinados a forjar el destino de la patria. Exaltemos la figura del Tribuno Cristóbal Mendoza, primer presidente de Venezuela y quien fuere el otorgante de tan distinguido título a Bolívar. Antonio Nicolás Briceño “El Diablo” hombre de ideas y de combate, quien muere fusilados por los españoles precisamente ese 15 de junio de 1813 cuando en Trujillo se proclama la guerra a muerte.
            Como señaláramos en párrafos anteriores, el Padre Rosario quien funge como actor de primer orden en esta etapa de la historia republicana. Y muchos otros, que sin tener como patria chica a nuestro “Trujillo de María Santísima” de igual manera cincelaron nuestra historia de estas latitudes. José Félix Ribas, Girardot, Rafael Urdaneta y el fiero Campo Elías.
            Para no agotarlos en exceso, solo los invito a la gran fiesta creativa. Que juntos, investigadores, docentes y artistas; podamos hacer de la celebración del Bicentenario de la Campaña Admirable algo más que una festividad, que después de celebrada de a poco se olvida. Construyamos nuevos discursos, y sobre todo, nuevas estéticas que contribuyan con la formación de la conciencia de nuestros jóvenes y de la población en general.
            Nos correspondió ser la generación del bicentenario; es algo que no podemos evadir. No pedimos tamaño compromiso, pero tampoco rehuiremos a él. Soy un convencido que el discurso histórico tiene en ustedes los artistas y creadores unos importantísimos aliados.



[1] Presentado a cultores populares en el Foro Bolivariano de Valera el 09 de mayo de 2013
[2] Docente de Historia ULA - NURR

viernes, 21 de marzo de 2014


 
LOS TRABAJADORES, CHÁVEZ Y LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA[1]

Yherdyn Peña Delgado[2]

            Hace 15 años, en 1999 no sólo fuimos convocados a ser testigos del cierre de un milenio, y el comienzo de uno nuevo. Verdaderamente, pocas generaciones tienen tal oportunidad; pero lo más destacado de ese año 99 no era solo el traspaso de un milenio a otro, para nosotros los venezolanos, ese año se distinguía porque de la misma manera, el pueblo se estaba convirtiendo en protagonista de un nuevo proceso que se gestaba precisamente, desde la propia decisión del pueblo.

            El 02 de febrero de 1999, el comandante Hugo Chávez asumía la presidencia de la república después de una dura campaña electoral que tuvo por objeto en primera instancia, desprestigiar a su figura y todo el proceso que él encarnaba, pero a pesar de todo el esfuerzo que hicieran las cúpulas empresariales, políticas, financieras, comerciales y mediáticas, el pueblo supo defender su decisión.

            Se emprendió a partir de allí por parte del gobierno bolivariano, un conjunto de acciones y procesos dirigidos a fortalecer de manera significativa la participación protagónica del pueblo venezolano y garantizar desde el ideario bolivariano “la mayor suma de felicidad posible”. Aunque de la misma manera, estos grupos oligárquicos, también desencadenaron todo un entramado para desmontar los logros que, desde un principio la revolución bolivariana fue obteniendo en beneficio de los más desposeídos.

             Existe un viejo adagio popular que indica que las cosas por sabidas se callan y que por calladas se olvidan. Y esa pareciera ser la dinámica que se ha pretendido imponer en la amplitud de los sectores de la vida ciudadana venezolana. Por su puesto, para ello, los sectores más poderosos, los llamados “amos del Valle” han impulsado una feroz campaña para, no sólo ocultar los logros de la revolución, si no, que éstos se pretenden hacer ver como si esas mafias que habían dominado el poder político y económico en el país fuesen sus precursores.

            Pero además de ello, muchos de los logros se proyectan como acentuadas amenazas para el desarrollo, el bienestar, el progreso de la nación. Es así, que se logra altos niveles de alienación en gruesos grupos poblacionales de la nación venezolana. De esta manera, es que se puede apreciar la manera cómo, sectores e individuos que constantemente se han beneficiado de las políticas sociales implementadas por el gobierno bolivariano despotrican contra ellas.

            He sido testigo, por ejemplo, cómo algunos padres de familia, con hijos en escuelas y liceos, han señalado que el otorgamiento de las computadoras canaimas a los niños, niñas y adolescentes del sistema educativo bolivariano es un gasto innecesario que está llevando a efecto el ejecutivo nacional, puesto que, según su visión, dicha acción en nada contribuye a la nación.

            De la misma manera, se evidencia de manera continua la muy marcada satanización dirigida contra las diferentes misiones y grandes misiones, que una vez más, están dirigidas preferencialmente a los más necesitados, a quienes por siempre habían sido los desposeídos, los marginados, a los hombres y mujeres de la patria.

            De esta realidad, debe destacarse la absurda manera que ha venido actuando la llamada clase media, puesto que a pesar de que las políticas del gobierno han buscado favorecerlos y protegerlos contra los especuladores y explotadores, sectores de estas clases se empecinan en atacar tales acciones; ejemplo de ello, fue la eliminación de los créditos con las llamadas cuota balón, y la reducción de los incrementos en la matrícula en los colegios privados, donde ellos envían a sus hijos.

             Es por ello, que considero oportuno que en este encuentro con ustedes los trabajadores de esta empresa, baluarte del desarrollo regional, vanguardia de la transformación material del estado Trujillo; se intercambien ideas sobre la necesidad de reafirmar vuestra conciencia de clase, conciencia de trabajadores comprometidos con la patria y el bienestar de la misma desarrollando sus actividades en un ambiente digno.

            No es casualidad, que en los actuales momentos, cuando se pretende desatar una acción conspirativa que procura el derrocamiento del presidente obrero Nicolás Maduro, cuándo este último hace un llamado a la paz, e invita a todos los sectores del país a dialogar para de esta manera concertar mecanismos para solventar la crisis, FEDECAMARAS la primera solicitud que realiza es la eliminación de la inamovilidad laboral.

            El gobierno del presidente Chávez, y ahora el de Nicolás Maduro, se ha caracterizado por ser un sistema de gobierno con muy característicos elementos obreristas, y es por ello, que frente a la campaña incesante que se vierte contra el país, se debe debatir con la solidez de los argumentos que sólo la verdad nos otorga, pero que, a veces, por comodidad o por complicidad no recordamos o no difundimos.

            Desde la creación de la Constitución Bolivariana en el año 1999, se han desplegado acciones contundentes por defender y proteger, con sentido de dignificación además, a toda la clase obrera del país. Gracias a la plena libertad de expresión existente; a través de los medios de comunicación se derrochan tinta e imágenes, para ocultar lo que en materia laboral se ha logrado en los últimos 15 años.

            Se refieren constantemente a la elevada inflación que padece actualmente el país; pero ninguno señala, que las causas de esa inflación es producto precisamente de la especulación mayoritariamente. Tampoco indican, que la inflación en el país antes de la llegada del Comandante Chávez rondó el escandaloso nivel del 110%. Y frente a ese nivel, lo que se buscó, fue flexibilizar el trabajo: es decir, despedir a la masa trabajadora.

            De la misma forma, se debe resaltar, que ninguno de estos analistas de oficio indican que además de esos niveles de inflación que se vivió durante la época de los 80’s y 90’s no existieron todas las medidas de atención social que hoy por hoy implementa el gobierno nacional (Mercal, Pdval, Mi casa bien equipada, Gran Misión Vivienda Venezuela, entre otros); a la vez, que el salario del trabajador se veía menguado constantemente.

            Precisamente, hablando de la política salarial durante la cuarta república se puede señalar, que particularmente en ese año que la inflación se acercó al 110%, el salario mínimo del Venezuela se incrementó por debajo del 10%. Mientras la política salarial de la revolución bolivariana ha estado caracterizada por el intento de proteger a la clase obrera. Durante los 15 años de esta revolución, ningún año, se ha dejado de incrementar el salario mínimo… aún falta por su puesto, pero la batalla no se detiene.

            Por otra parte, se debe dar a conocer el verdadero alcance que hoy por hoy posee la seguridad social venezolana, particularmente en lo que respecta al sistema de jubilaciones, donde se debe destacar no sólo el incremento cuantitativo del número de pensionados en el país; si no el aporte que por concepto de pensión reciben millones de venezolanos.

            Otro factor que delinea la clara acción obrerista de esta revolución, radica en el hecho de que busca garantizar la estabilidad laboral de todos y cada uno de los trabajadores y las trabajadoras. Evidencia de tal situación es el extendido derecho al bono de alimentación, y del apoyo a la maternidad y la paternidad.

            De igual manera, hoy se reivindica los esfuerzos llevados a efecto por el gobierno bolivariano para disminuir la jornada laboral, para que de esta manera se menguara la explotación de la clase obrera por el empresario capitalista, a la vez, de ofrecerle tiempo para el disfrute y el compartir con la familia. Y sobre ello, se amerita la más importante de las reflexiones; cómo desde una política laboral, además de beneficiar al trabajador, se busca fortalecer al núcleo familiar.

            No se puede continuar con una clase obrera que no esté enteramente comprometida con la causa justa de la libertad, de la soberanía, del porvenir de Venezuela y de los venezolanos, y no de un reducido grupo que viven cual vampiros de sustraer las riquezas de la patria para satisfacer sus apetencias personales o grupales. Sin importarles si para ello, se necesita derramar la sangre de aquellos que menos les importa.

            Es por esto, que debemos ahora más que nunca señalar que si se desea conservar y profundizar los logros de la revolución bolivariana, en esa misma medida, se debe hacer hincapié en el desarrollo del trabajo productivo, de allí también se genera la imperiosa necesidad de abordar la jornada laboral con la más absoluta eficiencia, el socialismo no puede estar divorciado de la eficiencia, eficiencia socialista, ésta implica lograr óptimos resultados, pero a su vez, garantizando el respeto y la dignidad a todos los trabajadores y trabajadoras.

            Camaradas trabajadores, no se puede rehuir del compromiso que en los actuales momentos nos exige la patria, la oligarquía apátrida ha declarado la guerra desde múltiples frentes, son ustedes los llamados a quebrar tales pretensiones de convertir en un caos a la nación venezolana, cada uno desde sus trincheras, desde sus puestos de trabajo, desde las actividades que les compete.

            Si bien, el comandante Chávez dejó un vacío inmenso en la dinámica política, social y económica del país, no es menos cierto, que labró una senda que hoy a nosotros nos corresponde transitar con los abrojos y las barricadas que los violentos pretenden imponernos. Como diría Argimiro Gabaldón: “el camino es duro, pero es el camino”.



[1] Presentado a los trabajadores en el IV aniversario de EMASTRU el 17 de marzo de 2014.
[2] Coordinador de La Casa de Historia de Trujillo.

viernes, 7 de marzo de 2014



Chávez: Huella imborrable en América Latina[1]
Lcdo. Yherdyn Peña Delgado[2]

            Desde su aparición pública, la figura del comandante Hugo Chávez Frías ha estado caracterizada por una marcada controversia que polariza a sus detractores y a sus seguidores. Pero tal situación no pudiera ser distinta, cuando se trate de un hombre que ha abanderado el ideal de acentuados cambios que trastocaron la dinámica geopolítica de todo un continente y más allá. Hugo Chávez, se convierte en este sentido, en figura estelar del acontecer político mundial, un referente obligado al que se recurre continuamente.
            Se debe destacar, que en medio de esa polarización, Chávez logra aglutinar a su alrededor las más elevadas y excelsas pasiones, a la vez que, los más despreciables e irracionales sentimientos hacia él y lo que supo representar. De un lado, se encuentra un pueblo cargado de esperanzas que se vio identificado, interpretado en ese verbo encendido; y más aún en las acciones que emprendió. La otra cara de la moneda, la representa un grupo hegemónico que ostenta el poder económico y que el pueblo le arrebató el poder político materializando el ideario que representa el comandante Chávez.
            En el devenir político venezolano de estos 22 últimos años, la figura de Chávez inunda todo el escenario. Los títeres de siempre y sus marioneteros, no sabrán perdonar que este arañero de Barinas, pretendiera romper con los hilos invisibles de quienes por casi doscientos años ejercieron el control político en torno a mezquinos intereses económicos foráneos.
            Y es precisamente, en la incomprensión de esos grupos oligárquicos del fenómeno político – social que sintetizó Chávez en su acción de gobierno, lo que ha conducido a estrategias y tácticas profundamente erradas y que han conllevado al descalabro ético y moral de esos grupos de extrema derecha que se han lanzado al vacío por los aventureros deseos de recuperar el poder.
            De la misma manera, en el seno del pueblo se ha engendrado una estructura organizativa que conduce a resguardar los logros que se han conquistado a lo largo de estos años a fuerza de luchas y resistencias ante las persistentes arremetidas por parte de las más poderosas mafias internacionales. A pesar, que tal organización y capacidad de respuesta simbolizará la máxima garantía del proceso revolucionario, las amenazas siguen latentes y a cada momento, surgen nuevas o evolucionan las ya gestadas.
            Parte del fracaso de la vieja clase dirigente del país, ha sido (como se mencionó anteriormente) la incomprensión de la realidad social y la incapacidad subyacente para solventar las crisis que medularmente condenaban a la república al atraso económico y la dependencia política. Pero, a pesar de ello, los laboratorios informativos se encargaron de hilar una compleja telaraña de engaños, que tenía por objeto vender la imagen de un país de progreso, igualdad, y sobre todo, democrático. Por ello, es oportuno preguntarse: ¿Qué país vio nacer al comandante Chávez?
            Darle respuesta a esta interrogante, nos conducirá de manera inmediata, a la forma como la figura de Hugo Chávez se hermana no sólo con Venezuela y los venezolanos, sino, con toda América Latina y los hombres y mujeres de estas latitudes. Describir a la Venezuela del siglo XX por supuesto, con salvadas excepciones, en buena medida es dar cuenta de esa abigarrada realidad latinoamericana tantas veces disfrazada, distorsionada o simplemente ignorada.
            Si bien, el siglo XIX venezolano (y en gran medida de toda Latinoamérica) perteneció a los caudillos, representantes de los grupos oligárquicos, el siglo XX es dominado por esos mismos grupos, pero a través del establecimiento  de un redivivo modelo político, caracterizado por la hegemonía de partidos políticos, que en el caso particular venezolano llegaron a un acuerdo de gobernabilidad por medio del pacto de Puntofijo.
            Este pseudo contrato social, generó la complicidad entre el nuevo aparato político de la clase dominante (es decir, los partidos), el aparato económico, los medios de comunicación y por supuesto, las fuerzas armadas como aparato represivo contra cualquier iniciativa social, que pretendiera buscar cada día mejores reivindicaciones que le garanticen un mejor nivel de vida.
            Para los años 80¨s, Venezuela se exhibía como una excelente vitrina que exponía de la misma manera, cómo se ejercía la democracia plena. El capital privado derrochaba esfuerzos publicitarios, para evidenciar una sociedad pujante, de usufructo de una riqueza ostentosa, del derroche y la banalidad, entretanto, los capitales foráneos de las grandes empresas multinacionales llevaban a efecto jugosos negocios, todos, bajo el amparo del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial de Comercio (OMC).
            La proyección de esta realidad, hacía ver el sistema democrático más longevo de Toda América Latina, pero pocos (o casi nadie) señalaba que tal democracia se expresaba en la asistencia del pueblo a las urnas para seleccionar a un Presidente que a su vez, ya había sido previamente seleccionado por las grandes cúpulas empresariales; y que la llamada alternabilidad en el poder, se refería al traspaso vergonzoso del poder entre dos partidos que se habían repartido desde el 58 las cuotas del poder. Es así, se puede señalar, que desde 1958 hasta 1999, se vivió una simple dictadura bipartidista.
            Toda la maquinaría mediática, daba cuenta de los excelsos logros de ese sistema democrático. Pero silenciaban el hecho que durante los primeros diez años de la democracia puntofijista hubo más muertos, más presos políticos y más desaparecidos que durante la dictadura perejimenista. Tampoco señalaban que el 70% de la población se encontraba en la pobreza; y que, casi el 30% se sumía en la pobreza extrema.
            Era un secreto a voces, de que el pobre tenía vetada la posibilidad de adquirir una casa, que las universidades nacionales distribuían los cupos partiendo desde un riguroso análisis socioeconómico, donde, por supuesto, era marcadamente discriminado el pobre, el más necesitado. Sin embargo, el discurso prevaleciente, era el de igualdad de oportunidades, y que, la desigualdad de condiciones se debía por supuesto, a la incapacidad del pobre en pensar en futuro, es decir, de progresar.
            De igual forma, esos mismos medios de comunicación, nada decían de las condiciones de explotación de los trabajadores del campo, quienes debían cumplir extenuantes jornadas de trabajo para recibir una miseria como jornal, recordemos, que el trabajo de campo recibía un salario mínimo, casi 50% más bajo que el de la ciudad. Hacían mutis sobre la realidad de la tenencia de la tierra del país; donde un reducido grupo ostentaba grandes latifundios, mientras que las masas empobrecidas sucumbían en relaciones de semiesclavitud rural.
            Por otro lado, la caída del muro de Berlín, el desmoronamiento de la Unión Soviética y el aparente éxito de la propuesta neoliberal en la Argentina de los dictadores Videla y Viola, y sus herederos: Alfonsín y Menen. De la misma manera,  el Chile de Pinochet daba cuenta de este sistema económico como el modelo a seguir ante el fracaso del llamado socialismo real. El cono sur, le había ofrecido a los EE.UU. un espacio libre contra el virus del comunismo y un mercado seguro para sus mercancías y sus empresas. Era la hora de Venezuela, que como se dijo gozaba de una democracia permitida, que le garantizaba al sistema capitalista las mismas condiciones pero con la máscara de la democracia.
            Mientras este panorama se entretejía en la dinámica sociopolítica venezolana, generándose las profundas contradicciones desprendidas de la dialéctica imperante en una sociedad sometida al carnaval perpetuo; un joven egresado de la Academia Militar, recorre el país, bebe de la fuente mágica y sabia del pueblo, puede apreciar la radiografía de un país, que distaba mucho de la imagen cargada de luces y lentejuelas.
            El militar Hugo Chávez, el carajito que había salido de Sabanetas de Barinas, aquel soñador que ilusionaba equipararse al “Látigo Chávez”, ese que vivió los estertores de la lucha guerrillera emprendida por hombres y mujeres desde la década del 60, lector consumado, atestiguó el padecimiento del pueblo venezolano, no buscó desojar la margarita, entre seguir obedeciendo a una estructura corrompida, opresora, antinacional, o defender al pueblo. En eso fue vertical, se cuadró de inmediato con la causa justa del pueblo.
            Es por esta razón, que cuando en febrero de 1989, se pretende establecer la agenda neoliberal para satisfacer el apetito voraz del capitalismo extranjero, y que fue disfrazada (o pretendió ser disfrazada con el hermoso nombre de Venezuela) y el pueblo salió a enfrentarla, a rechazarla plenamente, cayendo víctima de sus hermanos de armas, sabía que la suerte estaba echada. Su suerte personal, pero también la de ese sistema bipartidista, inmoral y putrefacto.
            La revuelta popular que en procura de disminuir su verdadera connotación fue llamada el Caracazo, fue derrotada, pero desnudó al sistema y nadie puede negar que fuera el primer campanazo para América Latina, anunciando los cambios por venir. Los estados fueron disminuidos a su mínima expresión, la privatización fue el signo que caracterizó la nueva dinámica social.
            Los carroñeros se abalanzaron no sólo sobre los cadáveres de las víctimas de la opresión, si no, sobre los propios restos de las repúblicas que una vez soñaron los libertadores. Y a los pobres se les profundizó la exclusión, la negación de los derechos, las libertades, recuerdo en este momento aquella canción del pueblo, “el derecho al derechito” donde señalaba que al pueblo el único derecho que le dejaron fue el derecho a morir de hambre.
            Y se produce ese segundo y tan definitivo campanazo: el 4 de febrero de 1992. El Teniente Coronel Hugo Chávez se levanta en armas. Termina por desnudar a ese sistema, deja ver por completo sus costuras, y le dice al pueblo venezolano, le indica al pueblo de América Latina que existen hombres, hombres y mujeres que están dispuestos a jugarse la vida por liberarlos, por construir una nueva república, por sustentarla en nuevos ideales, creyeron que una vez más, la revolución y el pueblo habían sido vencidos. ¿Pero cómo se puede vencer a un sueño que ahora era de millones?
            Chávez y sus hombres fueron apresados, encarcelados, pero aquel por ahora, recorría los confines de la patria, no sólo venezolana, sino Gran Americana. Su acción y su persona fueron satanizadas, pensaron los saqueadores que Chávez en pocos días sería olvidado. Pero emergieron los chavecitos de ese primer carnaval del 92, y retumbaron las cacerolas, esas que por tantos años habían estado vacías. Y desde allí, Venezuela y Chávez siguieron dando ejemplo a las naciones de América Latina.
            Por la presión de un pueblo, hermanado en un ideal, un presidente fue encarcelado, encarcelamiento que pretendió lavarle la cara al sistema político. Por ese mismo pueblo, la partidocracia puntofijista se había venido abajo. Ese mismo pueblo, obligó al estado opresor, a liberar a su comandante, y lo llevó a pesar de todos los ataques, de todas las mentiras, de todos los chantajes, hasta la primera magistratura del país.
            El siglo XX terminaba, el tercer milenio fenecía. Pero América Latina con Venezuela a la vanguardia, estaba renaciendo. Enrumbaba su proyecto a un destino original, propio, sin tutelas extranjeras. Con Chávez, emerge en Suramérica un militar comprometido con el pueblo, hermanado con quienes son sus hermanos, y que fuerza armada y pueblo, juntos pueden construir la revolución.
            De esta manera, Cuba dejaba de ser la solitaria antiimperialista. Emergía un pueblo y un líder. Nace una revolución. Envían un mensaje claro a sus hermanos de América Latina: “Ya en Venezuela no nos mandan desde el Pentágono, la Casa Blanca o la embajada de Estados Unidos: ¡somos libres y más nunca seremos esclavos, cuéstenos los que nos cueste![3]” Se destaca así, los principios no sólo revolucionarios, si no, de plena soberanía. Aunque en ello, se debiera enfrentar todas las amenazas necesarias.
            Otro factor de extrema importancia, que este personaje le supo enseñar a Venezuela, a América y al mundo todo, es que existía la posibilidad cierta, de construir una verdadera revolución convencidos en la paz. Ya en su primer programa aló presidente, señalaba, que “Hay que ser justos con los hombres, con las mujeres de la historia, así, que a cien años de la Revolución Restauradora, hoy estamos en pleno proceso de otra revolución, pero esta es pacífica[4].” Pero con Galileo, diremos: pero se mueve. Es una revolución pacífica, aunque tenemos las armas morales y materiales para defenderla.
            De la misma manera, de la cita anterior, se desprenden otro aporte significativo de ese rol protagónico que le correspondió asumir al Comandante Chávez a lo largo de ese periplo incansable; tal aporte, es la puesta en escena social, política, económica de aquellos, que por siempre habían sido invisibilizados, ignorados, silenciados. Las mujeres, los indígenas, los campesinos, los obreros, los afrodescendientes.
            En gran medida, el viraje hacia la izquierda que vive hoy América Latina se lo debemos a Hugo Chávez Frías; ahí está Cristina Fernández, Dilma Rousef, la propia Michel Bachelet; pero de la misma manera, allanó el camino para Ignacio Lula Da Silva, el “indio” Evo Morales, un exobispo como Fernando Lugo, Tavare Vásquez, y el ex guerrillero “Pepe” Mujica, Daniel Ortega, y por supuesto, Rafael Correa en Ecuador. Para ello, él insistió hasta el cansancio, en estudiar nuestras raíces, nuestra historia, se convirtió no sólo en un gran comunicador sino también en un tremendo maestro de la historia, de la historia liberadora. A este respecto señala: “Soy un convencido de que en la historia están las claves del presente y las fórmulas para construir un futuro mejor”.[5]
            Remata además, señalando, “Me siento mucho más indoamericano que iberoamericano. Yo me siento mucho más afroamericano que latinoamericano. Fíjate todas las confusiones acerca de nuestra identidad; y yo creo que la más poderosa línea definitoria de nuestra identidad es lo suramericano[6].” Pero, a partir de esa construcción de identidad, emprendió esfuerzos hacia la construcción de una nueva arquitectura geopolítica, geopolítica que se corresponda precisamente con las verdaderas necesidades de los pueblos y no de las cúpulas económicas, comerciales y políticas.
            El mensaje más importante, no radica simplemente en el antiimperialismo el nacionalismo a toda prueba. El imperio, ese “tigre de papel” tal como lo llamó, será vencido solamente si nos volvemos tigres de acero. A este respecto, también expresó algunas ideas, entre las que podemos destacar las siguientes: “Es un esfuerzo de planificación para integrar físicamente a Suramérica, continuar integrándola, telecomunicaciones, infraestructura, medios de comunicación, energía, la integración energética de Suramérica[7].”         O cuando expone por ejemplo que, “Los americanos, todos: del Norte al Sur, pasando por el Centro y por el Caribe, debemos reencontrarnos con el sueño originario del Nuevo Mundo que llenó de esperanzas a la humanidad[8].”
            De este constructo teórico, ideológico podemos señalar, surgen las más enriquecedoras iniciativas integracionistas en América, la ALBA, PETROCARIBE, UNASUR, CELAC, el fortalecimiento y relanzamiento del MERCOSUR, el Satélite Simón Bolívar, TeleSur, y tantas otras iniciativas que no llevan simplemente la carga economicista y mucho menos de la explotación y aprovechamiento de los unos sobre los otros, las misma, se engendran desde el sentido de la reciprocidad y de la satisfacción de las necesidades de los pueblos.
            Chávez, nos hizo conscientes a los pueblos de América, a los pueblos del Sur, a aquellos llamados países no alineados, que, “Sólo en la medida en que nosotros nos integremos, los subdesarrollados, los que hemos sido colonizados, dominados, sólo en la medida en que nos integremos de verdad podremos comenzar a elevar de manera eficiente, notable y estructural nuestros niveles de seguridad, sino no hay camino hermano, sino es el infierno lo que nos espera.[9]
            Su acción de gobierno, siempre se caracterizó por ese empeño que puso por la integración, de América y del Sur, de ese Sur geográfico y de ese Sur político, del Sur económico. De allí, los acuerdos con Irak, Irán, Libia, Siria, Vietnam, China, Rusia, Bielorrusia, Corea del Norte, Zimbawe, Portugal, y siempre con nuestros hermanos de América.
            Es así, que de esta manera se estrecharon relaciones entre Venezuela y países del mundo que nunca habíamos tenido relaciones ni políticas ni comerciales. Se establecieron de igual forma nuevas maneras de relacionamiento, se prevaleció no sólo la complementariedad, sino que además, la transferencia tecnológica para lograr la profundización de la soberanía. De allí emerge también otra lección dada por Chávez a todos los países del hemisferio: la multipolaridad. Desmontó con la acción revolucionaria esa pretensiosa visión de unipolaridad impuesta por los norteamericanos. Puso en la mira de toda América a las potencias emergentes: La India, Brasil, China…
            Parte de esa acción revolucionaria, se caracterizó por desnudar a quienes han pretendido apropiarse del planeta, que ya no sólo son las potencias hegemónicas, si no de las grandes empresas trasnacionales que en el ámbito de los alimentos, la energía, la tecnología, farmacéuticos han establecidos grandes oligopolios que manejan más recursos que los países del mundo.
            Y en esa dinámica, desmontó también las ambiciones imperiales por satisfacer las demandas energéticas de Estados Unidos, a costa de los sacrificios de los pueblos para garantizar precios bajos en la exportación del petróleo. Y por ello, realizó todos los esfuerzos necesarios para relanzar a la OPEP y que nuestros pueblos, pudieran contar con los precios justos para cubrir sus necesidades, y no las del imperio.
            Puesto que la intención no es cansarlos, y verdaderamente, hablar de Chávez, es un tema apasionante, pero de igual manera, con muchas vertientes y variantes, y pudiéramos pasar varios días dialogando, intercambiando ideas sobre su impacto, su relevancia en América y no agotaríamos este tema, pero no quisiera terminar estas líneas sin expresar, que de todas las lecciones aprendidas y por aprender que nos dejó Hugo Chávez, se encuentra esa maravillosa comunicación con el pueblo, pueblo que por primera vez se sintió protagonista de la mano de Chávez, su comandante, su amigo, su maestro. Y como dijo tantas veces, amor con amor se paga, y ese lo vio retribuido en los aciagos días del mes de abril de 2002, cuando el pueblo se echó el miedo a la espalda y rescató a su presidente secuestrado. Y le enseñaron al pueblo todo de Latinoamérica que no hay imperio que valga, que no existe creación de realidades virtuales que puedan engañar por siempre al pueblo.
            Y a ese pueblo, hermoso pueblo bolivariano, hoy no me queda de otra, que hacerles el llamado que no podemos dejar perder los grandes logros de la revolución bolivariana, si bien, se dice que las revoluciones exitosas hacen olvidar las causas que la originaron, no podemos obviar que una derecha fascista atenta constantemente contra esta acción revolucionaria, contra toda iniciativa nacionalista, son buitres que esperan alimentarse del cadáver de la revolución.
            Una vez más, para despedirme, cito las palabras del comandante Chávez: “Mi vida es de ustedes, no me pertenece, es del pueblo venezolano; así estaremos abrazados hasta el fin de nuestros días, hasta el fin de nuestros tiempos[10].” Y así como nuestro comandante entregó su vida, bien sabemos que así debemos estar dedicados por garantizar esta adolescente revolución bolivariana que recorre a toda América Latina.
            Estamos recordando este primer año sin la presencia física de este magno hombre, pero aunque el dolor pueda embargarnos, nuestro Comandante Eterno siempre nos habló de alegría y esperanza, y hoy más que nunca, con la presencia espiritual de Chávez debemos demostrar que somos mayoría y que somos alegría; y con su recuerdo digamos: “Que suenen las guitarras, que suenen las arpas, las maracas, las gargantas, la alegría de Venezuela, porque el mundo poco a poco se va dando cuenta de la verdad[11].” De que Venezuela cada día es más independiente, es más soberana, más democrática y más justa.
Muchas Gracias.



[1] Presentado el 06 de febrero de 2014
[2] Profesor de Historia. Coordinador de La Casa de Los Tratados.
[3] Rueda de prensa con la prensa italiana y agencias internacionales. Hotel Parco dei Principi, Roma, Italia; 11 de mayo de 2006.
[4] Programa Nro 1 – Aló Presidente desde la sede de Radio Nacional de Venezuela, 23 de mayo de 1999.
[5] Chávez en Estados Unidos, 15 al 17 de septiembre de 2005.
[6] Clausura de la VI Cumbre Presidencial del ALBA, Escuela Latinoamericana de Medicina, 26 enero de 2008.
[7] Aló Presidente Nro.155. Capilla del municipio Libertador, 6 de julio de 2003.
[8] Estados Unidos. Del 15 al 17 de septiembre de 2006.
[9] Aló Presidente Nro. 153. Manaos, Edo. De Amazonas. Brasil. 15 de junio de 2003.
[10] Aló presidente N° 250. Valles del Tuy, 26 de marzo de 2006.
[11] Caravana y encuentro con el pueblo apureño. San Fernando de Apure. 15 de septiembre de 2012.

viernes, 31 de enero de 2014

LA INTEGRACIÓN NUESTRAMERICANA COMO NECESIDAD IMPOSTERGABLE EN LA EDUCACIÓN DEL SIGLO XXI[1]
(Parte I: Espacio y tiempo. La Abya Yala)

Yherdyn Peña[2]

            Comprenderse, y más aún, aceptarse tal cual se es; parte de la condición de saberse consustanciado con un pasado que nos identifica como pueblo milenario. Comprender en toda su complejidad la consuetudinaria condición de colonizados que han pretendido imponernos desde los múltiples medios y desde las diferentes estructuras de dominación aquellos que se han erigido como cuna de la cultura y la civilización.
            Generar una identidad honesta, se constituye hoy por hoy en un compromiso ineludible en los que los actores políticos, sociales, culturales, y por supuesto, educativos deben asumir sin más demora. Pero para ello, se necesita a su vez, observar y evaluar de manera crítica las llamadas superestructuras sociales sobre las cuales se cimientan nuestra conciencia ciudadana. Y en este sentido poder entender el cuadro ético y moral al cual nos hallamos circunscritos.
            Por esta razón,, en la jornada de hoy, he venido a compartir con ustedes algunas consideraciones que sobre el devenir político educativo de lo que hoy se da por llamar América Latina se han gestado a lo largo de su complejo proceso de formación y consolidación. Partiendo por supuesto, de la experiencia evidenciada en el contexto educativo venezolano.
            Consideraciones que de por sí, constituyen parte de un proyecto más amplio que se encuentra en desarrollo, y por ello, quiero acudir a vuestra venia y a la de los organizadores para dividir en dos partes esta exposición para que una de ellas, apoyado en el recurso audiovisual lo pueda ilustrar de mejor manera y retomar a una reposada lectura para el debate.  
            De igual manera, deseo aclarar que la primera intención es encarar lo pertinente que resulta entender la relevancia del conocimiento del espacio geográfico ya sea como mecanismo de dominación, o por el contrario, como instrumento liberador. De esa internalización puede gestarse en el ámbito educativo un accionar más crítico y comprometido con el verdadero ejercicio de la Soberanía del Pensamiento.
            A este respecto, se desea destacar que, desde la construcción de una espacialidad no sólo periférica si no que además, profundamente minusválida y subordinada se han venido formando por generaciones los hombres y mujeres de Nuestra América y desde ella, se prefigura a su vez la intencionalidad de una conciencia sumisa.
           
Somos un subcontinente[3] de unos 21 millones de kilómetros cuadrados y de más de seiscientos millones de personas, a pesar de ello, el trato que se dispensa a la región (por propios y extraños) no se corresponde con esta condición. Es preeminente aún, y sobretodo, en los textos escolares, la condición de colonizados que arrastramos por más de 500 años. Existe toda una carga sígnica modeladora de una conducta alienada que nos presenta como minusválidos frente a quien ostenta el poder hegemonizante. Y es así, que desde la cartografía hasta las iconografías usadas en la mayoría de los textos escolares van dirigidos a potenciar tal alienación.
            Y a pesar de que se han venido gestando importantes esfuerzos, para generar una visón más realista de nuestro plantea, dichas iniciativas han quedado completamente aisladas, y no han tenido la cabida en los planes, programas y proyectos de nuestros sistemas educativos. De esta manera, desde la visión de los pueblos originarios de Nuestra América, pasando por el mestizaje, hasta la percepción de nuestros modelos políticos y de organización, han sido profundamente desplazados y distorsionados.

Es por ello, que de manera recurrente se señala, la necesidad de estructurar herramientas y estrategias, conducentes a la descolonización del pensamiento y de la forma misma en la que nos miramos. Urge que comencemos a mirarnos desde nuestro propio espacio, y más aún con nuestro propio mirar[4].


A partir de esta primera realidad, que es a su vez, una simple consecuencia del conjunto de elementos que se dibujan desde las pinceladas del otro elemento por el cual he venido hasta aquí el día de hoy: Nuestra Historia. Cómo romper esa tradición discursiva, generadora de desigualdad y negadora de la diversidad es otra de las tareas que desde el ámbito escolar tiene que gestarse para lograr un nuevo sujeto formado a partir de nuevos referentes ciudadanos y republicanos.
            Bien refería el Libertador Simón Bolívar que, “Nos han dominado más por la ignorancia que por la fuerza”. Y esta afirmación se afianza además por la aseveración popular de que; “las cosas por sabidas se callan, y que por calladas, se olvidan”. Y por esta razón, es que gran parte de nuestra memoria está consagrada –aunque parezca contradictorio- al olvido.

            El reconocimiento de la Abya Yala como primer paso.
Previo a la llegada de Cristóbal Colón a tierras americanas, este espacio estaba habitado por un conjunto de sociedades poseedoras de una diversidad de condiciones culturales y sociales. Los indígenas Kunas llamaban a esta tierra como Abya Yala cuyo significado, es tierra de vida, madre tierra. Esta manera de nominar al espacio sobre el que se hace vida, implica a su vez, una concepción de vida particular, que para ese entonces, el europeo desconocía por completo.  
A este respecto, podemos señalar que, la globalidad como realidad fáctica se produce en 1492, antes de allí no se puede hablar de tal cosa. Sólo después de ese doce de octubre es que el ser humano se encuentra con el “otro”, se establece a su vez, una relación que engendra un rompimiento con la mismicidad que había imperado en ese intrincado cultural que había sido Europa hasta finales del Medioevo. La llegada del viejo mundo al nuevo va a producir una ruptura creadora en la historia de la humanidad que no contó con la asimilación de ninguno de los asaltados en la aventura colonial, y en este sentido, se debe destacar la afectación en ambas orillas del atlántico, se descubre una diversidad sorprendente que de inmediato se pretende extinguir por el temor a lo desconocido. Con América se cierra el círculo de la imaginación y se consolida el de la supuesta certeza.
            De esta manera, se puede asegurar que la globalización es el más depurado producto de la modernidad, puesto que por obra de ese encuentro, de esa convivencia y de la cotidianidad que de ella se genera, se depura la concepción de la unicidad restringida y acorralada, perseguida e intolerada; todo en procura de la reducción del ser a lo novum*. Pero que desde el discurso del europeo, irónicamente lo nuevo es lo que trae el viejo continente; mientras que, lo originario americano queda supeditado como salvaje, y por supuesto incompatible con lo nuevo. Lo europeo en esta semántica no sólo representa lo nuevo, si no, que implica a su vez, el progreso, el desarrollo, la cultura y lo culto, el avance. Lo otro, lo contrario, y por opuesto, su sentencia es desaparecer irremediablemente.
            El asalto cultural que se desencadena el doce de octubre, tendrá una repercusión tal, que transformará los estilos convivenciales en ambas costas de ese mar ignotum (el atlántico) y más allá. América se convertirá en el laboratorio cultural más amplio y más productivo que jamás haya concebido la humanidad. Esa condición de alteridad expondrá sus efectos tanto para quienes fungen de conquistadores como hacia aquellos que padecen tal conquista.
            La Abya Yala pierde su identidad primera. Sus lenguas, sus dioses, sus costumbres, sus hombres y mujeres o son exterminados o simplemente proscritos en su propio espacio. Destierro, que también asume de manera “voluntaria” el europeo, que en busca de fortuna se abalanza sobre las nuevas tierras. Esta espacialidad y todo cuanto en ella cohabita es bautizada bajo el símbolo de la cruz y expía sus culpas en el fuego demoledor de la pólvora. En este sacramento, adquiere no sólo nuevo nombre, es declarada por el otro como un espacio vacío. Y esta vacuidad por ende, debe ser cubierta con lo conocido, con lo sabido, con lo aceptado… por el otro.
            En este sentido, la construcción de los discursos por parte del europeo va dirigida a justificar la ocupación y resemantización del territorio americano. Para comprender tal situación. Basta tan solo con observar el bautismo que el propio Cristóbal Colón a través de una intrincada construcción discursiva le otorga a este territorio y a sus gentes:
Ellos deben ser buenos servidores y de buen ingenio, que veo que muy presto dicen todo lo que les decía. Y creo que ligeramente se harían cristianos, que me pareció que ninguna secta tenían. Yo, placiendo a Nuestro Señor, llevaré de aquí al tiempo de mi partida seis a Vuestra Alteza para que aprendan a hablar. Ninguna bestia de ninguna manera vi, salvo papagayos en esta Isla.» Todas son palabras del Almirante.[5]

“…para que aprendan a hablar” porque aquellos extraños gruñidos no pueden ser concebidos por el europeo de ese entonces como posibilidad de lengua alguna, de la misma manera, señala que le “…pareció que ninguna secta tenían” porque su cosmogonía y su cosmovisión tampoco pueden ser consideradas como tales ya que sólo existe para ese entonces la posibilidad para el cristianismo católico, apostólico y romano.
Todos nuestros textos de historia inician con el grito de tierra, tierra, tierra. Ni uno solo de ellos desde una perspectiva del continuo humano. Es por ello, que el discurso educativo ha servido de base de sustentación al desconocimiento de lo americano originario y al no reconocimiento de su historia como parte de un continuo humano se sumerge en los confines del tiempo… hace miles de años con las primeras migraciones malayo-polinesias o mongoles-siberianas.
Es por ello, que si se desea seriamente emprender una acción educativa consustanciada con los nuevos tiempos, se debe romper con la tradición historiográfica de que el 12 de octubre sea concebido como cero histórico de nuestro continente y por ende, génesis de nuestro devenir cultural, matriz de la semántica que configuran nuestros referentes.
En la II Cumbre Continental de Pueblos y nacionalidades indígenas de Abya Yala llevada a efecto en la ciudad de Quito, capital de Ecuador en julio de 2004; los allí congregados declaran entre otras cosas lo siguiente:
“Somos pueblos originarios de Abya Yala. Los valles y las pampas, las selvas y desiertos, los cerros y los nevados, los mares y los ríos, el águila y el cóndor, el quetzal y el colibrí, el puma y el jaguar han sido testigos de nuestros sistemas sociopolíticos colectivos basados en la sustentabilidad humana y ambiental (…) Fuimos despojados de nuestros territorios originarios por los colonizadores y empujados a lugares inhóspitos (…)[6].
Generalmente cuando se estudian las poblaciones indígenas (sobre todo en Venezuela) se suele señalar que las mismas se encuentran en áreas de difícil acceso, y dicha realidad es concebida como condición natural de estos pueblos y no como consecuencia del proceso colonizador. De igual forma, a pesar de que algunas de los marcos jurídicos vigentes en nuestros países hablan de lo pluricultural, la multiculturalidad y otros términos afines, poco o nada se observa en la práctica educativa en las diferentes aulas de clases.
Reconocer la Abya Yala implica por ende, reconocer a su vez todo un modelo societario que aún persiste con un entramado cultural, idiosincrático, cosmogónico y de respeto a la naturaleza que dista mucho de nuestra manera de actuar y pensar. Es comprendernos desde la diversidad. Es estudiarnos sin rupturas ni saltos históricos. Es rechazar la homogeneidad.
Por último, no queda otra, que invitarlos a la hermosa labor de explorar ese primer capítulo de nuestra historia. Capítulo, que tal y como ha sido concebido hasta ahora, posee demasiadas distorsiones y que tantas cargas de culpas y complejos nos ha acarreado.



[1] Ponencia presentada en la Universidad Simón Rodríguez, Núcleo Valera. 20 de mayo de 2013
[2] Profesor de Historia del NURR - ULA
[3] La proyección Mercator, usada en los textos de historia y geografía se evidencia con profundas distorsiones, haciendo ver al norte de mayor tamaño que el Sur. Y además, se percibe a Europa como el centro del planeta.
[4] Buen ejemplo de ello, es la propuesta del sistema de proyección planteado por  Arno Peters en el que se exhibe un disposición más exacta y honesta a la vez de los diferentes países del planeta. Sin embargo, la misma aún no ha sido tomada en consideración para su estudio en nuestras aulas de clase.
* Afirmación presentada por Compagnon en su texto: Las cinco paradojas de la modernidad (1993) partiendo de Vattimo.
[5] Fuente: Colón, Cristóbal. Diario de a bordo. En “Crónicas de América”. Tomo 9. Edición de Luis Arranz. Madrid: Historia 16, 1985.

[6] Tomado de: Barreto (2009). Los textos de historia y el culto al colonialismo. El perro y la rana. Caracas, Venezuela.